Mostrando entradas con la etiqueta vacaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vacaciones. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de febrero de 2021

¿Hay alguien ahí?

 

 

   Por favor, si has tropezado con esto, manifiéstate de alguna manera (incluido un comentario). Me gustaría saber que las palabras que lanzo al ciberespacio llegan a alguien.

   A veces pasamos horas frente a una de estas pantallas inteligentes y resulta que no es nada inteligente utilizar el tiempo en semejante entretenimiento. Para qué escribir si nadie quiere leer, por estar ya saturad@s de tanta letra (y otras muchas cosas).

   Seguramente mi ego quiera inmortalizarse un poco, dejando testimonio gráfico, o esté necesitado del reconocimiento que yo no me doy. Sea lo que sea siento la necesidad de transmitir lo que siento, por aquello de la comunicación tribal del homo sapiens.

   Esta vez no martirizaré a familiares, amigos y compañeros haciéndome publicidad por el "guasap".

   Veremos.


 

lunes, 25 de noviembre de 2019

Vuelven las cigüeñas a las antenas


 

Vuelven las cigüeñas a posarse sobre las antenas por falta de árboles, después de la gota fría que ha inundado antiguos valles y ramblas llenas de viviendas o sembrados. Ahora toca el reseco “veroño”, ese otoño sin lluvias y con elevadas temperaturas.


Hemos pretendido dominar a la Naturaleza con nuestros pequeños egos endiosados y terminamos atrapados en el gran despropósito de la sobreabundancia normalizada y de la sobreestimulación de nuestros sentidos como forma ser. Cada vez parece que necesitamos más no sé de qué, persistiendo insistentemente en obviar nuestros desequilibrios personales y nuestra desarmonía con la Naturaleza, de la que formamos parte. 
 

Queramos o no, somos animales, no máquinas. Necesitamos amar, compartir nuestros sentimientos, buscarnos el sustento y conocernos a nosotros mismos. Pero a la velocidad que vamos no tenemos tiempo para mirar nuestra brújula interior y el mapa del espacio/tiempo sobre el que nos vamos desplazando. 




Parece que las cigüeñas hacen un uso más natural de esas antenas que no dejan de inundarnos con sus ondas, para transmitirnos el juicio de una mujer que ha matado a un niño, el último triunfo deportivo, la continua violencia contra las mujeres a manos de los machos despechados, la incertidumbre política, social o económica, el penúltimo coche fantástico que nos permitirá ser más libres, la antepenúltima guerra en un lejano país, el perfume que nos hará más atractivos, la deliciosa comida basura que satisfará nuestro exquisito paladar o el fabuloso viaje que jamás habíamos imaginado. El caso es que los pájaros (y otros animales) saben vivir como lo que son, pero los antropocentrinos tecnológicus, seguimos con la fiebre mental producida por tanta intoxicación mediática, imaginándonos que somos lo que no somos. Nos creamos burbujas mentales en las que vivimos una realidad paralela. Y ya sabemos lo que pasa con las burbujas.



El “carpe diem” y el “memento mori”, han dejado de ser ideas para la serena reflexión sobre el sentido de nuestra existencia, y han terminado siendo unos de los tatuajes más extendidos entre las tribus urbanas, y una excusa para el desenfreno de los sentidos como forma de vivir el presente. Ninguna cruz te hace buen cristiano, ni ninguna frase te hace sabio. Es decir, todo que he escrito hasta aquí no son más que palabras perdidas en el ciberespacio, reflexiones desde mi particular burbuja.



Pero yo quería escribir sobre el verano tardío en el que ya no están los vencejos, aviones y golondrinas sobrevolando nuestros cielos y la consiguiente alegría de moscas, mosquitos y hormigas aladas. 


Quería escribir sobre el  anuncio del otoño en las amarronadas hojas caducas agarradas a las mismas ramas en las que descansan papamoscas, carboneros o mosquiteros (con el permiso de las urracas y cotorras). 


Quería escribir sobre las nubes atormentadas y el agua estancada, a veces tan necesaria y otras veces tan arremolinada. Quería escribir sobre el ocaso en el horizonte urbano y los contraluces en las colinas que ocultan la autovía. 

Quería agradecer a quienes me han acompañado, a quienes me acompañan y a quienes me acompañarán en el este camino vital. Quería, pero me llega el aroma de la comida desde la cocina. En otro momento, será.



P.D: Han pasado ya dos meses y sigo igual, con mis sentidos sobreestimulados y mis deseos desenfrenados, pensando en escribir otra cosa, tan solo ha cambiado que ahora no  veo cigüeñas en las antenas sino fuegos artificiales en el pueblo que creció en las faldas de un monte con un castillo medieval coronado por un iluminado vía crucis que lleva a la ermita del lugar;  todo bañado por el rumor y la brisa del mar, en un invierno que ya se ha empezado a anunciar sobre unas tierras que fueron lago, arrozal, huertas, manglar y ahora son bloques para turistear. Y una vez escrita la “tontá”, solo me queda: guardar o publicar (y cocinar).


sábado, 2 de noviembre de 2019

VIAJE AL NORTE




Soplan vientos húmedos por el Parque Lineal de Palomeras. El veroño va dejando paso al otoño más fresco. Las hojas de acacias, negundos y olmos van tapizando los caminos de un mantillo amarillo, y en las espinosas ramas de una robinia (falsa acacia de flores blancas) llama mi atención un “encendido” petirrojo que me cuesta “capturar”. Ellos vienen del norte a climas más templados.


Petirrojo

Me siento frente a la pantalla de mi ordenador portátil y pesco en el internet una música relajante ( https://www.youtube.com/watch?v=bzaDRHqo3MI ) que diluya el continuo ruido de la ciudad en la que habito, y poder escribir sobre esos paisajes que he visto más allá del horizonte urbano que me rodea.

Horizontes urbanos

 Me cuesta ponerme a escribir y cuando por fin lo hago, suena el smartphone y una voz amiga viene a contarme el desbarajuste de una empresa trufada de mandarines que utilizan el miedo como principal herramienta organizativa. ¿Os suena? Como decía aquel: el poder corrompe (o como enuncia un sabio proverbio chino: “si quieres saber cómo es Pablito, dale un carguito”). Al final, tanta optimización está dejando a mucha gente en la calle, como ese “turista” sin techo que se cobija bajo el árbol de la NO-sabiduría, junto a la M40 y la estación de El Pozo.

Árbol de la NO sabiduría.


 Regreso de un ciberespacio para meterme en otro, y contaros una de turista privilegiado. 

Vitoria, parque Salburua y huertos urbanos.

 En el último viaje al  norte descubro una capital que ha conservado su casco antiguo, ha creado una eficaz red de transportes públicos, y tiene un cinturón verde con bosques, huertos y lagunas. Allí conviven las escaleras mecánicas y los grafitis con callejas centenarias y catedrales neogóticas. Es Vitoria / Gasteiz, por la que anduvimos andando y comiendo, bastante bien, durante 3 días. Ya vamos perdiendo el hábito de pasar por los lugares sin estar en ellos.

Vitoria, casco antiguo.

 Pero el destino final era Mundaka, en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai (Vizkaya), donde el estuario del río Oka y la frondosidad de los montes que le rodean han creado un paisaje realmente hermoso salpicado de pueblos como Bermeo, Guernika, Sukarrieta o Mundaka, cargados de historia y tradiciones. 


 Mundaka

 Bermeo

 Sukarrieta y Txatxarramendi


 Gernika

Hasta llegamos a subir a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, famosa por haber sido decorado en la serie “Juego de Tronos”, y desde entonces lugar de peregrinación mundial de los feligreses de dicha serie.
  



Y volviendo de Gaztegulatxe vuelvo a encontrarme con el petirrojo, esta vez en una zarzamora, ajeno al ajetreo producido por las series televisivas, no sabe lo que se pierde.

Ya de regreso a la gran ciudad me veo envuelto en otro capítulo de ese juego de tronos que son las elecciones generales, en las que soy un “extra” más de una película que parece que ya haya visto varias veces y cuyo final conocemos todos: “la banca siempre gana” (como dicen de los casinos). Y aun así, participaré porque creo que un mundo mejor es posible, respetando la Biosfera, la cultura de los pueblos y repartiendo justamente las riquezas que la Madre Tierra nos ofrece.


Jornada de reflexión.

Siempre tratando de mantener la semilla de la esperanza que permita brotar nuevas primaveras. Ánimo con la papeleta.

domingo, 13 de octubre de 2019

DESDE LA NO SIESTA DEL 26.09.2019



Desde la no siesta, cansado después de haber estado haciendo el guiri durante más de 4 horas y regresar con decenas de fotografías, escucho el trino alegre de mi querida verdecilla, que desde el nido que se ha hecho en una rama de este árbol, su hogar y refugio, canta a la vida. Yo, que camino sin sus alas ni sus horizontes, ando con la mirada más pendiente de no pisar una mierda que del vuelo de las nubes en el cielo. Cuanto podríamos aprender de los pájaros.



Cual hoja otoñal que se resiste a romper el vínculo, añoro aquel otro árbol que vio como me abría a la primavera y  del que más pronto que tarde tendré que desprenderme totalmente, igual que todas mis compañeras que me han acompañado en este ciclo vital, incluso las que están por brotar. Durante mucho tiempo me he nutrido de la savia producida por la armonía entre la tierra, el agua y el Sol, pero ya siento los pliegues del tiempo bajo mi piel. Cuanto podríamos aprender de los árboles.




Trae el viento el polvo de los sueños perdidos, de los horizontes cercados, de los tiempos que ya no son, pero nuestras antenas de insecto interfieren en lo que nuestros ojos ven, silencian lo que nuestros oídos oyen, endureciendo  nuestra dermis hasta insensibilizarla. Pero tampoco hemos aprendido de esos a los que llamamos bichos.


 Desde la no siesta escucho el “rap alternativo” que aflora por un Smartphone, siento el estrés que se me agarra entre pecho y espalda con las noticias sobre el planeta en el que habito.
Menos mal que una brisa con olor a viaje y vacaciones  viene a refrescarme el ánimo. La próxima, de turismo.


 











domingo, 4 de agosto de 2013

“Sexo gratis y salvaje”





Otra vez vuelvo a pasear por el Parque Lineal, en este agosto madrileño tan cargadito de bochornos climáticos y sociales. Pensaba titular esto “Reconexionándome (desconéctatres)”, pero he pensado subir el número de visitas (anda baja la autoestima blogera) titulándolo “Sexo gratis y salvaje”, como el que practican estos bichejos. Veremos la respuesta del ciberpueblo.


Todavía resuenan en mi memoria los mensajes que, el último sábado vacacional, lanzaban los propagandistas del consumo.“Colofón de máxima velocidad para tu zapatófono de última generación”, o similar, gritan por el televisor. Siempre inventando artilugios para nuestro bienestar, como este urinario "ecológico". Como nos miman.


Se llenan las carreteras de coches que huyen de las ciudades hacia las zonas rurales, es fin de semana. El calendario se acerca a fin de mes, y hay que hacer balance y presupuesto de lo vivido y por vivir. Los días de vacaciones volaron. Hay que atrapar las últimas imágenes, antes de regresar a las rutinas.


La ilusión de la desconexión se diluye y vuelvo a reconexionarme en cuerpo y alma a lo que tanto critico y de lo que tanto dependo: mis circunstancias civilizatorias.


Desde una vieja casa del siglo XVII levantada con vigas de enormes árboles y  muros de cantos rodados en argamasa caliza, empecé esto que ahora termino desde mi pisito celdilla con vistas a las celdillas de enfrente. Ya no son los insectos sobre los frutales y el canto de los pájaros quienes animan el paisaje tras la ventana, si no el rumor de los motores y la chiquillería proletaria corriendo por las aceras o escalando contenedores.
 

Ya no tengo problemas para captar una güifi bajo los nogales rodeados de robles y perales. Mis problemas cibercomunicativos han sido resueltos. Incluso me he apuntado a eso del esmarfone para disponer de “datos” continuamente. Y sin embargo la sensación de soledad parece mayor rodeado de tantos compañeros, vecinos, conciudadanos, amigos feisbú y demás conocidos. Raro que es uno. Como ese alcaudoncillo despistado entre el bordillo y la pradera, esperando el cebo de su mamá, nos parece un gorrión pero es una de las rapaz bastante voraz.
 
Y erre que erre, vuelvo a aparearme salvajemente con las pantallitas de una manera gratuita."Dime de que presumes, ....."