lunes, 11 de marzo de 2019

Hipertensión



En los amaneceres urbanos que encuadran este Parque Lineal, se nota la tensión entre el Sol y la Luna.






 La eterna lucha entre las luces y las sombras que viene dándose desde tiempos inmemoriales.



La primavera se manifiesta más allá de las fechas que tiene marcadas, en una explosión floreada de almendros y prunos.


Unos kilómetros más allá, en la que fue una plazuela de pueblo, descubro la leyenda de las sombras en la Plaza de la Luna (barrio de Malasaña), 


un lugar contradictorio donde conviven la Iglesia de San Martín, con los jardines infantiles, la prostitución 

y el turismo de carrito que todo lo invade. 

Aprovecho para un retrato sombrío.


En la proximidad de la Gran Via, la publicidad y el comercio, 


compiten con los carnavales preelectorales y la eternas reformas de esta pretendida ciudad moderna.


Un Madrid en el que las gaviotas marinas se alimentan en el vertedero de Valdemingómez,


 las tortolas se posan en las torres de alta tensión, 


las cigüeñas no terminan de acertar con lo orgánico 


y los gansos del Nilo ya invaden los estanques del Parque Lineal; 


sin contar con las irrespetuosas palomas que se cagan en la realeza petrificada.

En una urbe así es normal que haya mucha hipertensión.

domingo, 17 de febrero de 2019

Bordillos en el Campo de la Paloma

Se anuncia un gasto de casi un millón de euros para la rehabilitación integral del Parque Campo de la Paloma. Uno piensa que van plantar más árboles y arbustos donde los pájaros y los humanos encontremos cobijo.

Pero llegan las fuerzas mecanizadas y empiezan a arrasar.


Cientos de arbustos son talados y arrascados sin la más mínima misericordia.

Árboles sanos son cortados sin miramientos.

Las subcontratas de las subcontratadas trabajan duro en la tarea de urbanizar esta pequeña isla verde.


La materia orgánica que tantos años costo mantener es amontonada como basura para tirar.

Hasta el fino suelo formado a lo largo de los años es levantado con saña fiera. Pobres lombrices.


Los nuevos bordillos, tan "necesarios", se apilan para plantarlos donde se acaban de arrancar los anteriores, y toneladas de arena inunda los caminos donde se pondran más ladrillos.


Parece que gobierne quien gobierne, la solución siempre es la misma: cemento y subcontratación. Es dirección obligatoria, como indica el cartel.

Y el colirrojo tizón, como los mirlos, petirrojos y tantos pájaros que aquí sobrevivian, se ve impotente para defender su territorio de esta nueva invasión urbanita.

El progreso exige sacrificios, a unos más que a otros.
Perdón por mi falta de optimismo, pero es que .....

sábado, 12 de enero de 2019

Paseo por los madriles 251118

  Cayó la última hoja del 2018, y el espíritu navideño deja paso a la cuesta de enero. En las aguas heladas de los estanques del Parque Lineal, se reflejan las desnudas ramas de los árboles, al contraluz del sol de invierno.

  Oigo a un pico picapinos tambolirear en el tronco de una acacia. Le veo, pero no llevo cámara. Suena un reguetón (jóvenes ejercitándose) que se mezcla con música sinfónica (instituto).

  Como las penúltimas hojas de un árbol que el viento hace volar, hoy descargo cientos de fotografías más allá de este parque lineal, como este paseo dominguero desde Atocha a Sol, que me atrevo a publicar.

Árbol desnudo sobre lienzo que cubre el Museo del Prado.
 
 Anuncios contrapuestos y dispares.

 El nuevo turismo sobre ruedas. Ya no se hace camino al andar.

 De la diosa Cibeles a la pop star.

 El comercio global, o el kiosco y la loteria nacional.

 Subiendo por la calle de Alcalá, manifestación y propaganda.

 ¿Instagram contra la violencia y la desigualdad?

El monstruo verde que amenazaba la Navidad.

Ya está.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Paseo al Mercadoma.



Recibo el listado de la compra. Me pertrecho con la ropa de abrigo, el carrito y unas pegatinas de “El barrio es nuestro. Cuídalo”. Pego la primera junto a los cubos de basura, rodeados de escombros. 

En el jardincito del callejón, sigue plantada la marihuana con sus cogollos, junto a un bosquecillo de álamos que han ido brotando “salvajemente”; a las puertas de los bajos ocupados por familias gitanas. Al doblar la esquina de la tienda del chino, veo una pancarta en el cruce: “La parroquia es del barrio, no del cura o del vicario”. Una joven subsahariana me pregunta qué significa eso. Le explico lo poco que sé, sobre la larga lucha que llevan los cristianos que predican con el ejemplo contra las burocráticas estructuras eclesiásticas; ahora son los partidarios del Papa Francisco los que sufren la resistencia a compartir, del clero establecido.

Junto al ambulatorio veo al fontanero que sufrió un error quirúrgico en la cabeza, siempre acompañado por su señora. El paisaje nocturno luce iluminado por las farolas y los pequeños comercios que todavía quedan en el barrio; con más coches que personas, algunas de ellas refugiadas en el “club social” (bar) “El Pitorra”. Una patrulla de la policía aparca sobre la acera de “La Oveja Negra”, para smartphonear.

Junto al gran gimnasio, con su música para moverse, duerme la Huerta agroecológica urbana “Espinakas”, con su puerta de somier viejo. Unas mujeres pasean comentando recetas de cocina, entre jóvenes y mayores enganchados a sus smartphones. Los perros corren con sus farolillos led al cuello. 

Las restricciones a los coches viejos, hacen que haya más gente en la parada del bus. Un joven surfea, a toda velocidad, con su tabla sobre la acera; mientras una chica bajita y un chico alto se lo toman con calma. Al doblar la esquina, el aroma de las arizónicas se mezcla con volátiles humos de hachís.

Una agencia de viajes anima a dar vueltas por el mundo. Enfrente los repartidores de MRW prolongan su jornada con la paquetería que da vueltas por el mundo. “Er que t kuen” sigue con su oferta de bebida y ración o bocadillo, por 3 euros. La tienda de complementos alimentarios musculantes, ha dejado su lugar a una de pocholadas de segunda mano.

Unos gitanos se quejan de que les han rajado las cuatro ruedas del coche, “si siempre lo dejo ahí y no pasa na”. La “Gestoria Gonzalez” no para de arreglar papeles. Los nuevos cubos de basura orgánica decoran la ciudad desde hace semanas. Una joven anciana con garrota, se aventura a pasear en la noche. Dos niñas mayores se cuentan a toda prisa sus historias, mientras echa el cierre “Alquimia” (pintura y decoración). Yo cojo un boleto en la tienda blindada de apuesta y loterías.

La freiduría “Nucita” expele su perfume a gallinejas y entresijos de cordero. Termino de poner la última pegatina frente a la luminosa tienda de “Belleza y estética de calidad. Starbella” (botox, hilos tensores, Plexr  láser, mesoterapia, aliduya, celulitis, varices, Ellansé, . .).

Dos madurescentes juegan a ser psicólogas de una tercera (ausente). Dos jóvenes madres acarrean a sus bebés y los primeros paquetes navideños. Al pasar por MUGA (librería), escucho las toses de los fumadores/as en las terrazas de los bares contiguos, con el rumor de reguetones y motores. El mesón Siglo XXI, ya lo llevan los chinos. Unas seis adolescentes se arremolinan dando grititos en torno a los smartphones.

Por fin llego a mi objetivo, el mercadoma de turno, con su gran variedad de productos de todo el mundo y su gran superficie recién reformada con una iluminación led extrema. Almejas del Pacífico, abadejo de Alaska, arándanos del Perú, merluza de El Cabo, navajuelas chilenas, guacamol de Almería,  lecitina de soja, magnesio, anacardos …. y una botellita de Rioja. Voluntarias y voluntarios recogen comida para los bancos de alimentos y los comedores sociales. En la puerta, los pobres de siempre ven disminuida la generosidad de los clientes.

Por la “Zona oulet” me cruzo con la concejala de Medio Ambiente (Inés Sabanés, EQUO) que vive y anda por el barrio. Tantas impresiones van alterando mi sistema nervioso, en forma de ansiedad. ¿Se me descongelarán las almejas y los mejillones?.

Del kebap salen aromas de especias, que se mezclan con el de la marihuana que dos jóvenes universitarios y barbudillos se fuman en un banco de la acera. Van cerrando los pequeños comercios y van llenándose los bares y los poyetes.

En el buzón de casa recojo la revista de Médicos Sin Fronteras de otro vecino, que la han metido en el nuestro. Descargo el carro de la compra y me doy el lujo de una ducha templada (hoy he pasado de los 15.000 pasos). Podía haber ido en coche del garaje al parking, pero como dijo aquel: “se hace camino al andar y no desde el sofá”.

Medito un rato si publicar este “ladrillo” en el ciberespacio (o dejarlo escrito en la libreta, como tantas otras letras). Al final mi ego parece imponerse, y mis queridos destinatarios tendrán que padecerme (¡y sin fotos!). Lo siento.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Fotopaseo otoñal por el Parque Lineal


Las borrascas han conseguido alcanzar el Parque Lineal de Palomeras.
 



Las lluvias forman charcos de extraña belleza.
 
Los ánades reales tienen que descansar en islas de metal.
 
Los valerosos paseantes y sus “mejores amigos” se ponen las ropas de invierno.
Los “castillos” infantiles están despoblados de niños.
 
Yo voy buscando veredas verdes para mis ojos y para mis pies.
 
 
Atravieso el puente sobre la autovía.
 
Descubro una pequeña jungla en una antigua rambla semiabandona.
 
El carril bici es casi invadido por árboles y arbustos.
 
Por fin alcanzo a contemplar un horizonte en el que lo urbano parece rodeado por los bosques.
 
 
Donde encinas y olivos crecen en desigual batalla con las grúas.
 
Qué bueno sería que aprendiésemos a respetar a quien nos da el aire que respiramos.
 
Pero tras las vallas de los colegios se aprenden otras cosas más “importantes”.
 
Vuelvo a cruzar el puente del anillo ciclista.
 
Me sumerjo entre catalpas, acacias, negundos y robles.
 
Las bellotas ya están madurando.
 
Hago unos estiramientos para sentirme entre el cielo y la tierra rodeado de nuestros hermanos mayores.
 
Disfruto del agua domesticada, pasado el chaparrón.
 
Aprecio los mensajes de color que la naturaleza nos muestra cada otoño.
 
El smarphone, siempre presente, nos distrae del camino, un poco más.
 
Aunque el árbol del amor dé sus coloridos frutos, pasa casi desapercibido.
 
Las cigüeñas siguen planeando en las corrientes térmicas, para que los rayos del sol sequen su plumaje.
 
La juventud se sube a lo más alto para tener una perspectiva que no es la de los años, sino la de las ilusiones.
 
En el suelo se producen milagros matemáticos como las simetrías de la espiga.
 
Una abeja se aventura a recolectar el polen de un diente de león antes de que sea segado por las metálicas cuchillas.
 
Las semillas de los ácer se preparan para emprender su corto vuelo.
 
El camino lo tenemos sembrado de tecnología.
 
Bien estaría que empezásemos a plantar el futuro allí donde se pueda, que se puede.