Entre el cielo y la tierra. Mi parque.

Aquí y ahora contemplo el azul celeste con blancas pinceladas. Vuelan los bandos de palomas y gorriones. Pasean los humanos a sus queridas mascotas, o viceversa. Yo también me saco a pasear. Ventilo mis emociones y sentimientos. Canalizo mi energía de una forma positiva: caminando, respirando, reflexionando por este Parque Lineal. Sencillo.
Descalzo mis pies y siento la frescura de los tréboles, la aspereza de las piedras y el cristal de litrona que algún jilipollas ha roto. Intento sentirme entre el cielo y la tierra, pues de alguna manera soy hijo de ambos.
Esta antigua escombrera reconvertida en verde pradera,
es hoy refugio en la urbana marea que a todos nos menea.
Dicen que un parque es el terreno que se destina a recrear la naturaleza, en el interior de una población, y sirve como lugar de esparcimiento a sus pobladores. Como urbanita de esta ciudad, mi parque me ayuda a sentirme parte de la Naturaleza aunque sea en esta isla lineal de árboles y hierbas rodeada por un mar de cemento y ruido. Entre bloques de ladrillo y hormigón, rios de asfalto, rebaños de coches y horizontes ahumados, busco en mi caminar el aire del Universo, el contacto con la Tierra y el fluir de la Energía por mi cuerpo.
Los escombros de un antiguo barrio de casas bajas forman el suelo de este parque lineal de varios kilómetros, que amortigua, con sus colinas tapizadas de verde, el constante rugir de los motores por la autovía. Con dos décadas de edad, muchos árboles apenas pueden sobrevivir por falta de nutrientes y agua. La excesiva presión de los homobrutus y los escasos recursos que llegan después de tanta subcontratación, hace que el parque parezca más enfermo que sano. Ojalá que la Naturaleza pueda seguir haciendo su trabajo y los vecinos disfrutando de un respiro.

Pincha las fotos de las entradas y se harán grandes. La magia del cibercacharro.

Deja tu comentario pinchando la palabra comentarios, al final de cada entrada.

jueves 22 de octubre de 2009

“Vicio” por lo verde.

Mi “vicio” por la paz verde hace que vaya buscando a diario un refugio para mi corazón en cualquier isla vegetal que encuentre en este mar de cemento que es Madrid.
Puede ser la zona verde que hay en mi trabajo,
donde me tomo un aperitivo de 20´ paseando y un montadito de 20´ respirando conscientemente plantado en la tierra, sintiéndome como un ser vivo más, antes de volver a sumergirme en la gris maquinaria del sistema productivo que me proporciona el sustento económico. También puede ser que me meriende un paseo por el Retiro, previa inmersión en el multirracial metropolitano,
o por el Parque Lineal de Palomeras;
el caso es disfrutar de la llegada del otoño con sus colores y sus frutos,
pese al empeño de los responsables del área de medioambiente
y su división acorazada, por arrancar bordillos, alcorques, bancos y caminos,
para sembrar granito y canales de cemento, no para regar los árboles sino para que el agua caiga sobre ellos y conducirla al alcantarillado. Además han tenido la ecológica idea de utilizar miles de tabletas de pino para proteger los troncos de los resecos arbolitos,
que no sus raíces, de la fauces maquinales y terminar siendo escombro.
Al menos las polígamas chinches rojas (Pyrrhocoris apterus) del Parque Lineal de Palomeras están felices y contentas por las guarderías que han construido para sus ninfas, y no dejan de celebrar orgiásticas fiestas con su estética africana en sus nuevas viviendas adosadas.
Luego están esos locos bajitos
y los que viven su segunda infancia, que habitando un poblado rebelde como Asterix, siguen disfrutando de la vida en medio del imperio del ladrillo y el cemento, sin hacer demasiado caso a las prohibiciones.
Subo a las colinas y veo el espliego en flor junto a la M40,
giro la cabeza y veo el Parque Lineal de Palomeras acorralado por vallas
e invadido por las inversiones públicas en forma de maquinaria pesada,
zanjas y bordillos.
Miro al horizonte y una bruma de gris contaminación flota sobre un mar de cemento, hierro y ladrillo. Camino unos metros y compruebo la creación de empleo en forma de cuatro obreros latinoamericanos, un africano y un rumano, trabajando en fin de semana. Pienso en el despilfarro del dinero del pueblo, en los beneficios bancarios y en la pobreza que hay en el mundo “menos desarrollado”. Asisto a la manifestación contra la pobreza, delante de los bancos (Cibeles a Sol), para pedir que los gobiernos cumplan sus promesas. Allí personas de toda edad y condición social nos manifestamos contra el hambre y la hipocresía, en un ambiente de luces y sombras. Sin el apoyo de los medios de comunicación, ni del poder eclesiástico ni político, voy a un acto en el barrio por la paz mundial y la no violencia, del que me enteré en la asociación de vecinos. Allí escuche a un niño decir: “esto está muy bien, pero en este barrio no va a ser posible”. ¿Por qué?, le preguntó una activa mujer. “Porque hay muchos gamberros, hasta en mi cole”. Parece ser que vivimos en un mundo gamberro, en el que podemos vernos reflejados en los desperdicios abandonados sobre la reseca tierra junto a un muro de hormigón, cual metáfora cruel de esta civilización que no deja de crecer hacia el caos. En fin que vuelvo a buscar la paz verde para mi pulmón y corazón, para mi cuerpomente, paseando, ahora con aromas de tierra húmeda, por este Parque Lineal, con la aguerrida esperanza en que el conocimiento de uno mismo y la búsqueda de la armonía con la Naturaleza sea una popular idea que nos lleve a un mundo mejor.

sábado 26 de septiembre de 2009

TODO PASA.

Frecuentemente vamos por la vida patinando con un pie en el pasado y otro en el futuro, mientras el presente se nos pasa entre las piernas como una suave brisa que apenas percibimos. “Ya queda menos para el fin de semana” o “¡que momentos aquellos!”.

Casi siempre que hablamos es para referirnos a un hecho pasado o a una posibilidad de futuro. En pocas ocasiones este envase alquímico, llamado cuerpo, consigue ser consciente de nuestro transito vital, dejándose tiranizar por ese tiempo inventado por el hombre.

Pasaron las vacaciones con su cargamento de ilusionados deseos. Los exóticos paisajes, más imaginados que reales, han quedado en el pasado.

Al igual que los papamoscas que llenan ahora este Parque Lineal después de su estancia veraniega en el noroeste de Europa retornan a África para pasar el invierno, regresamos los urbanitas a nuestros cubículos acristalados en la gris ciudad.

Salgo a pasear y al cabo de un rato me siento en un atormentado banco de barrio urbano, junto a unos ancianos. Dos amigos charlan sobre el contrato que se le acaba a uno y el prolongado paro del otro. Observo como juegan los niños encerrados en una propiedad particular. Oigo el canto invidente de los semáforos y el rumor de los motores, percibiendo en mi nariz el aroma de los contenedores de basura y el reseco aire que los esclavizados árboles de acera no consiguen depurar. Una vieja de alterada normalidad orina en el bordillo cual salvaje animalillo, ante la ausente mirada de dos jovencitas muy normalizadas. Decido migrar.

Llego a esta pequeña isla verde llamada Parque Lineal de Palomeras y dejo que mi tensa vista se extravíe entre las nubes que salpican el atardecer decorado por las siluetas de las melias y el canto entrecortado de carboneros garrapinos y papamoscas cerrojillos.

Reflejado me veo en las generaciones de caminantes que ante mí pasean. Jóvenes llenos de futuro, mayores con atesorado pasado, y el ahora sentido en una profunda respiración humificada por el bosquecillo de acer, acacias y cinamomos.

Hace unas horas mi mente se congestionaba ante la urgente normalidad por lograr los planificados objetivos laborales, hasta hacer rebosar el vaso de mis emociones y perder la conciencia del ser y terminar en una pelea de egos heridos.

Ahora soy un poco más consciente de la locura humana que llamamos normalidad, desde este pequeño retiro personal que me permite ver la belleza de los "bichos" más allá de su supuesta fealdad.

Pero hasta este mágico instante de luna nueva ha de pasar. Por ello vuelvo mis pulmones a llenar retomando el camino en mi transitoriedad, mientras otros se ceban en acumular lo que tarde o temprano tendrán que dejar.

lunes 31 de agosto de 2009

Cerrado por obras.

Me gustaría escribir sobre esos hermosos seres que se levantan al amanecer para correr por las colinas.
Contar esa romántica historia de amor de dos estorninos sobre la M40, con una paloma de testigo sobre la copa de un árbol de metal.
Tal vez comprender el camino de esa mesa de hierro forjado y pino serrano que ha recalado en las aguas del estanque por arte y gracia de algún grupo de homínidos con ganas de refrescarse las patitas.
O sobre los últimos y descarados pollos de alcaudón común (alcaudoncillos) que todavía habitan este parque, curiosos por comprender el ser que les ha tocado vivir.
Pero las obras han hecho imposible que se pueda caminar al arrancar los caminos y los bordillos para volverlos a embordillar.
Todo está lleno de zanjas que pretenden ser cauces de aguaceros que se dan poco por este lugar.
Grava de granito, subproducto de cantera, inunda alcorques, bancos y senderos; con potente maquinaria pesada.
Y aunque esta es abundante, son pocos los hombres que se ven trabajar y en unas condiciones que te hacen otros tiempos recordar.
Ni el carril bici se libra de tanta inversión local, convirtiéndose en algunos tramos con vallas, arena y mucho personal; en sitio de elevada peligrosidad.
Es por todo esto, que por otros lugares me tengo que ir a pasear;
que Madrid tiene mucho que ver y más en periodo vacacional. Y ahora cuando muchos vuelven, yo me voy unos días para el sur.

domingo 23 de agosto de 2009

Contradicciones en el Parque Lineal de Palomeras

Efímera belleza la de la flor cimarrona que en el erial crece para iluminar el espíritu del caminante.
Persistente fealdad la de la desigualdad que en esta opulenta sociedad crece para mayor gloria de la codicia.
Alegría que el agua trae a este sufrido parque, en forma de riegos y estanques.
Tristeza de prados secos, árboles descuidados y tierra erosionada.
Rapaz silvestre en la urbe cobijada.
Seres libres que parecen atrapados. Y yo viendo mi sombra proyectada.

martes 11 de agosto de 2009

Arcoiris

Ayer hubo tormenta sobre el sureste de Madrid y en el Parque Lineal. Si fue poca el agua que revitalizó las resecas raíces, fue mucho el espectáculo de relámpagos y, sobre todo, un hermoso arcoíris en el atardecer urbano. Gracias a mi hijo que subió corriendo a por la cámara, mientras mi compañera y yo seguíamos sumergidos en la llovizna junto al lago, hoy tengo esta imagen. Hoy quería leer y pasear, como todos los días, y me he ido a la biblioteca pública en busca de "Palabras" de Jacques Prevert, atravesando el Parque de la Paloma. Pero no funcionaba el aire acondicionado y solo prestaban en infantil. Curioso. Así que cogí un libro de casa y continué con mi paseo sin rumbo definido, escuchando las palabras de un barrio arcoíris como es Vallekas: las maldiciones soeces de unos mozos que no conseguían arreglarse el buga mientras unas repintadas mozas esperaban su ración de atención, la triste alegría de unos desaliñados gitanillos dando palmas camino de la compra en el DIA mientras practicaban la creatividad contable y la ingeniería financiera con los 5 € que llevaban para el pan y la leche, la música salsera y tecno binaria que atruena desde algún coche con sujeto ansioso de protagonismo, y yo como un zombi reflexionando mientras leía unas poesías de Unamuno y cargaba con unos yogures naturales (que vía móvil me habían pedido).

Al final he terminando como había empezado la tarde, paseando por el blog de Artea, compartiendocamino , entre música y reflexiones. Ayer estuve dando una vuelta por otros de mis vecin@s, y es que este ciberbarrio también es un arcoíris. Un saludo.

sábado 8 de agosto de 2009

Como pasa el tiempo

Hace poco mas de un año, entre los caserios y los bosques navarros de la sierra de Aralar, una entrañable inquieta (Klimtbalan) impulsó a otra dinámica romántica (Anaisay) a realizar un blog para expresar parte de su literatura. Durante unos días caminaron juntas por el sendero de la cibercreación blogera. Klimbalant, ya me había insinuado que debía dejar de sestear como esos animalillos domésticos que vimos en nuestros paseos por los alrededores y compartir mis maullidos con los demás. Como el lindo gatito que vivía en "nuestra" casa rural. Publiqué mi primera entrada: Parque Lineal: Mi parque ante estado de abandono en que se encontraba el Parque Lineal de Palomeras y con la ilusión por poner en valor las posibilidades de contactar con la Naturaleza, aunque fuese al lado de la M 40.
Desde entonces he tenido una irregular trayectoria, cargada de contradicciones por dedicar el tiempo a esta pantalla electrónica que tanto tiempo me viene ocupando en los últimos años (en el trabajo).
Deseaba poner mi granito de arena para mejorar el mundo que me rodea y me ha salido un amasijillo de fotografías y pensamientos personales (queriendo decir tanto que casi siempre me he bloqueado y no he puesto nada). Dudo mucho que haya servido para algo más que para entretenerme y, sobre todo, contactar con unas cuantas excelentes personas que con vuestros comentarios habeis ido dando sentido a este pequeño esfuerzo. Gracias.
Hoy, después de una breves vacaciones Asturianas en el valle del Narcea,
recorriendo los lagos glaciares de Somiedo,
bañándome y paseando por las hermosas playas de la costa occidental,
de andar por el Cabo de Peñas y Vidio,
de patear los pequeños pueblos como Cudillero, Cadavedo, San Juan del Arenal, Paredes o San Esteban de Pravia
y las ciudades de Oviedo y Gijón,
de subir a los montes cargados de bruma y vegetación, de charlar con la amable gente asturiana;
regreso a la rutinilla de este Madrid que me quita y me da la vida.
De los cielos cargados de estrellas y el aire lleno de aromas húmedos, a la luz que todo lo ciega y los olores que mejor no oler.
Me sumerjo en mi Parque Lineal con sus lagos, otra vez, llenos de agua;
vuelvo a pasear por el Retiro, me retiro a mis respiraciones conscientes en cuanto puedo, sigo con la lectura interminable intentando comprender un poco más, retorno a mis relaciones laborales, familiares, vecinales (vosotros incluidos), ... y publico esta entrada.

domingo 12 de julio de 2009

Haikus (2)

Brotan colores

desde la Madre Tierra.

Señal serena.

Si golondrina

en cálido verano,

mosquito muerto.

Al que no tiene,

el parque da cobijo.

Siglo veintiuno.

Jardín de pobres.

Río de abundancia.

Tele encendida.

viernes 26 de junio de 2009

Bordes

La vida “salvaje” sigue su curso con todo su colorido, en este Parque Lineal, ajena al empeño humano de ponerle vallas protectoras al campo.

Crecen la viborera, la malva enana y las margaritas, sin permisos ni papeles,

al igual que la gorriona enseña a sus gurriatos el arte de buscarse la vida

y la azulada achicoria se alza antes de ser segada.

En esta reseca meseta castellana tan escasa de lluvias, no sobreviven bien las praderas asturianas orientadas al sur, sin arbustos ni arbolado.

Es una lástima que los árboles plantados no hace mucho mueran por falta de riego,

mientras una lluvia de euros hace brotar la concesión de unas obras cuando menos innecesarias.

Bordillos y alcorques están siendo arrancados, junto a papeleras, bancos y tuberías,

formando extraños paisajes de barro;

para poner nuevos bordillos acanalados de afilados cantos.

Los supuestamente beneficiados árboles son maltratados y hasta arrancados.

Misterios de la economía de mercado que uno no alcanza a comprender.

Al mismo tiempo los productos vegetales son sistemáticamente arrojados a la basura en lugar de reutilizarlos como abono y permitir que formasen el enriquecedor humus

en un suelo sumamente empobrecido y erosionado, por el que asoman los viejos ladrillos macizos del antiguo barrio de casitas con patio.

Expertos técnicos tiene el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, que sabrán más que este poco cualificado paseante.

Menos mal que el vecindario sigue saliendo a respirar, dándole alegría a los caminos y colinas.

sábado 6 de junio de 2009

Alcaudón común

Paseando con mi hijo por el Parque Lineal observamos la realidad salvaje: a poco más de un par de metros, un confiado alcaudoncillo (con menos colorido que sus progenitores) posado en una rama se merendaba una pequeña lagartija que le acaba de traer su padre (me pilló sin cámara).

Lejos de asustarse nos miró con curiosidad, y seguramente si la proporción del tamaño fuese a la inversa hubiésemos sido su segundo plato. De hecho tiene fama de verdugo que conserva trozos de sus víctimas empaladas en ramas y espinos, como nosotros en el frigorífico. Menos mal que estamos en el vértice de la pirámide alimentaria.

Estas pequeñas aves rapaces (Lanius senator) están criando con total normalidad en este parque urbano (unas 6 a 12 parejas), lo que es un indicador más de como “el campo” va retrocediendo ante el avance urbanizador sin límites.

Inmigrantes africanos, de negro antifaz (los machos) y gorro rojizo, que en primavera visitan Portugal, España, Francia, Italia y hasta Polonia para poder sacar adelante a sus crías, como tantos otros inmigrantes; luchan por adaptarse aprendiendo idiomas (son buenos imitadores) y crear un pequeño hogar que abandonarán para invernar en Senegal, Nigeria, Chad, Congo o Camerún.

Observarles como otean desde lo alto de un negundo o una melia, y como alimentan a sus pollos es todo un espectáculo (el arte de sobrevivir en tierra extraña). En unos días se dispersaran, una vez que las crías sepan cazar (grillos, saltamontes, mariposas, …y hasta otros pajaritos). No como las nuestras que tardan bastante más en buscarse las habichuelas.

martes 26 de mayo de 2009

Simbiosis rota

Después de dudar mucho tiempo sobre la simbiosis que mantengo con este blog, vuelvo a dedicarle un rato.
Mojado llegué a casa después de visitar una exposición de cuadros abstractos e ir al teatro con unos amigos. Mojado me quedé de emociones y sensaciones, incluido la unión de los cuerpos. Mojado estaba el Parque Lineal, este fin de semana. Con la mente alterada después de la comunión del hijo de un sobrino, me levanto insomne en la madrugada y me pregunto, cual humano que soy:
Teniendo todo lo necesario, y más, ¿por qué no somos felices?. ¿Por qué la violencia se impone a la razón y el amor?. ¿Por qué nos acomodamos en nuestra pequeña burbuja, ajenos a la realidad de nuestros semejantes?. ¿Por qué amamos haciendo rehenes con nuestro amor?. ¿Por qué nos reproducimos como una plaga insatisfecha?. ¿Por qué tanto tener si todavía no sabemos quienes somos?. ¿Por qué aumenta nuestro vacío al aumentar los deseos?. ¿Por qué le dedicamos más tiempo a entretenernos que a conocernos?. ¿Por qué el “socialismo” no enseña a socializar?. ¿Por qué el capitalismo dilapida el capital de la Madre Tierra?. ¿Por qué la culpa de nuestros males siempre es de otro?. ¿Por qué se ignoran a los seres queridos cuando más nos necesitan?.
¿Por qué siempre hay dinero para máquinas (incluidas las de matar) y obras faraónicas y nunca hay suficiente para los que no tienen lo necesario?. ¿Por qué no paramos y reflexionamos hacia donde vamos?. ¿Por qué es necesario arrancar los caminos para ponerles …. ¡fibra de vidrio!?.
¿Por qué somos tan estúpidos y nos creemos tan listos?. ¿Por qué nos disfrazamos con atuendos y discursitos de marca?. ¿Por qué cada tic-tac me queda un segundo menos de vida?. ¿Por qué nos creemos la inteligencia del Universo, siendo una cagarrutilla biológica en el Espacio – Tiempo?.
¿Por qué estamos permanentemente insaciables, anhelando siempre un poco más, más, más,..?. ¿Por qué cojones estoy comiéndome el coco, si tenía que escribir sobre las flores como la achicoria, y los pájaros en esta hermosa primavera?.
Perdón, por la diarrea mental, pero es que tenía un tapón.
Embriagado por el aroma dulzón de las adelfas, los cinamomos y las retamas, aspiro la belleza de la olmeda salvaje que crece sin control parametrizado en medio de esas escasas islas urbanas llamadas solares. El canto continuo de los verdecillos, se mezcla con el de los jilgueros y verderones, creando una melodía, en la que los mirlos dibujan sus magistrales imitaciones. Las silenciosas palomas torcaces se acomodan en los territorios de sus primas domésticas, con el permiso de las urracas y del agresivo alcaudón, que lleva un par de meses marcando sus dominios.
Ya se fueron los petirrojos buscando el frío, y han llegado los africanos vencejos, las golondrinas y los aviones comunes, haciendo todos ellos espectaculares acrobacias aéreas y cogiendo barro para sus nidos. Las hormigas pastorean a los pulgones que chupan la savia de los tiernos brotes. Todo tipo de insectos se dan un festín con el abundante polen, que a más de de un humano pone enfermo. Los líquenes mantienen su simbiosis hasta que el alga y/o el hongo dejen de aportar su parte.
Los pequeños saurios asoman entre las grietas del cemento, hasta que algún fitosanitario producto envenene a sus presas. Una tormenta me hace refugiarme bajo un plátano de sombra, y empapado me rindo y retorno a mi cobijo. Los apresurados humanos son transportados por sus veloces latas con ruedas sobre los lechos de asfalto, ajenos al continuo brotar de la vida y a muerte. Un anuncio de Faunia invita a visitar a los cautivos salvajes. Y ya cansado (y quien hasta aquí haya llegado), doy por concluida la escritura por hoy. Mañana espero volver a ver el sol mientras respiro y camino, entre el cielo y la tierra, por este Parque Lineal, metáfora de la vida del siglo XXI.

martes 17 de febrero de 2009

¿Haiku?

¿Consumo tiempo?
por las verdes colinas,
corazón vivo.
El amarillo
sobre un verde prado.
Raiz serena.
¿Cuanto valemos,
si fria mercancia,
vieja, gastada?
Crisis de flores.
Primavera maquinal.
Los bichos sobran.

domingo 25 de enero de 2009

Tranquilidad en el alma.

Ayer no salí al parque Lineal de Palomeras para sentir el viento huracanado que limpia la atmósfera urbana. La humedad de la última nevada mantiene el suelo blando y las raíces húmedas. Hoy, aunque llovía, si que le he recorrido, escondido en un plumas y bajo un sombrero impermeable. Necesitaba “descargar” la tensión acumulada durante una estresante semana de trabajo: muchos mandando y pocos trabajando. Es la modernidad tecnológica.
Lavanderas, colirrojos y algún petirrojo aprovechaban el movimiento de tierras, en el arreglo de los lagos, para cazar. Parece que han tocado algunos miles de euros de los presupuestos públicos para la reactivación económica. Pero ni las lombrices ni sus depredadores lo saben. Creo. En mis relaciones domésticas oigo un ruido de moscas en mis orejas llamándome tocapelotas y las cosquillas de una mariposa susurrándome que no tengo tranquilidad en el alma. Reacciono levantando mis escudos emocionales y me dispongo a defenderme con la espada de la razón. Pero me concedo una tregua para mirarme por dentro. Es cierto que una parte de mí no es agradable cuando digo lo que siento saliéndome del molde establecido. Pero es que esta sana sociedad, con sus guerras y sus rebajas de enero, con sus comodidades tecnológicas y sus autómatas humanoides, con sus ansias por acumular en el vacío del ser humano; esta sociedad contemporánea, me desquicia. Y sin embargo por ella vivo tan ricamente. Soy parte de este desarrollado “primer mundo”. Tengo suerte de pertenecer a este rebaño. Es cierto que no tengo el alma tranquila. Son pocos los momentos de relajación y menos aún los de meditación, en los que busco el silencio de tantas ideas y pensamientos, en los que la respiración consciente consigue aquietar el tío vivo de la mente. Pero es que cuesta tanto desprenderse de los viejos malos hábitos y llevar cotidianamente a la práctica aquello que te hace vibrar serenamente. Pero ahí sigo, intentándolo. Sin querer, mi contradictorio ser chirría contra los carriles de la normalidad y termino descarrilándome, a veces. Menos mal que soy un pequeño IBERTREN y no un AVE cargado de viajeros. Mientras lleno mi barriga con media lechuga murciana y un trozo de mamífero con tubérculos fritos, veo la tele de los antiguos: el cielo. Ponen unas algodonosas nubes sobre fondo azul en las que proyecto imágenes que por un instante se convierten en realidad. Esta noche actuarán un montón de estrellas, aunque creo que es un programa repetido y probablemente no lo vea. Y como “de bien nacidos, es ser agradecidos”, agradezco el fotolibro que mi familia me ha regalado, la humana relación de amigos, familiares, compañeros y vecinos, y el premio que tan generosamente me ha repicado Daniel, http://emocionesysentimientos.com/.
Espero que al nuevo Mesías, zurdo y mulato, de la nueva era, le dejen cumplir lo prometido y no muera asesinado como otros. Vaya, un gasecito. Parece que ya tengo mi interior más tranquilo.
P.D.: La fotografía de Barak Obama, no es mía. La he cogido del ciberespacio, sin permiso ni ánimo de lucro. Espero no ser sancionado por ello.

domingo 28 de diciembre de 2008

Contraste dominical

Hoy no he paseado por el Parque Lineal. Hoy he paseado frente a la embajada del estado de Israel. Cientos de muertos y miles de heridos en una "operación" de represalia por el lanzamiento de unos misiles que habían causado un par de muertos. Los primeros, pobres palestinos, los segundos, pobres israelíes. Las sofisticadas y caras armas, el fruto de la evolución tecnológica industrial puesto en manos de dementes con un poder irracional. Son las guerras del siglo XXI. Mientras la jerarquía católica clama contra el condón, los estados "cristianos" hacen su planificación demográfica a golpe de cañón.
La televisión y otros medios de comunicación de masas, nos aturden con un exceso de información, dándole el mismo tiempo a una masacre, que a un comentario futbolero o al anuncio de un coche o un perfume. Ningún grito resucitará a los muertos, ningún superhéroe salvará al mundo. Pero allí nos hemos juntado unos cuantos disidentes de la normalidad, para sentirnos en un acto casi religioso, frente a uno de los demonios de esta nueva era que nos ha tocado vivir.
Cerca, en la misma calle, pero en la acera de enfrente, está la embajada de Rusia, con su águila bicéfala, símbolo de los imperios. Nadie se manifestaba contra sus operaciones de castigo en sus antiguas posesiones. Dos guardias civiles aburridos, observaban el despliegue operativo de decenas de policías nacionales, unos metros más abajo. Entre las anchas y bien cuidadas avenidas, un barrio de chalecitos asegurados en medio de una impresionante soledad, tan solo rota por una señora que sacaba a su perrito a cagar. Vuelvo al transporte subterráneo que me devolverá a mi barrio del sur. Árabes, sudamericanos, negros, blancos nacionales y de importación, chinos, hindúes, rusos, amerindios, eslavos, arios y mestizos, muchos mestizos, pues todos somos pura raza mestiza. Cada cual con su historia personal, en medio de la historia social moderna. Algunos iban con el vestido dominical a la homilía del cardenal "En defensa de la familia cristiana", otros comentaban las familiares comidas y veladas, pasadas y futuras, por el teléfono móvil en íntimo vociferio. Unos tíos navideños peleaban con el sobrinito desenfrenado y exigente de atención. Una joven madre hacía constantes acomodaciones de su crío en su cochecito, y de sus hermosas piernas violetas y minifalderas. Y yo aturdido por el cúmulo de sensaciones contradictorias que revoloteaban por mi mente, con un periódico en la mano y un DVD de regalo. De haber ido en coche me lo hubiese perdido. Esperando el autobús recibo varios mensajes y una llamada: tengo que recoger el pollo asado con patatas fritas, para alimentar a mi familia. Por algo soy el macho dominante de mi manada. Hace frío y en la cueva climatizada se está mejor. Termino comiendo callos y trincándome dos vasos de rioja, mientras vemos los Simpson y luego, solo, las noticias del mundo, ¿y la manifestación?. Mañana volveré a caminar por el Parque Lineal (todavía tengo los callos dando vueltas entre los míos).

miércoles 24 de diciembre de 2008

“Basura” e idolatría.

Paseando por el Parque Lineal de Palomeras en busca del contacto con la naturaleza (aunque sea cautiva), trato de equilibrar el cuerpo y la mente de urbanita en el siglo XXI. Me encuentro con el aire fresco de una mañana soleada de invierno y un horizonte sembrado por la civilización del “hombre libre”. Los malos humos de la ciudad se han quedado estacionados sobre las edificaciones, ante la falta de viento, la escasa vegetación no da a vasto para limpiar tanta mierda. Nunca tuvieron los políticos tanta esperanza en la llegada de la borrasca atlántica para limpiar el aire de esta ciudad. Nunca el ser humano dispuso de tanta tecnología y tan poco oxígeno a lo largo de su corta historia sobre este viejo planeta. Nuestra gran inteligencia nos ha llevado a la cúspide de la pirámide evolutiva: somos el animal racional. Pero más parece que sea por nuestra obsesión por la ración que por el humano uso de la razón. Mientras la abeja liba el polen de la última floración anual del romero, igual que hace millones años, despreciando la proximidad de la autovía; los contratados jardineros se ven obligados a utilizar el último invento del doctor Bacterio para la higiene vial. Armados con potentes compresores soplan los setos para robar al suelo el generoso regalo de hojas que le hicieron los árboles. Al otro lado de los arbustos una flotilla de sofisticada maquinaria se apresta a atrapar esa materia orgánica fuera de lugar. Alguna inteligencia superior ha determinado que eso es basura y hay que empaquetarla en bolsas de plástico (otro gran invento de la Humanidad). Y es que siempre existe una solución tecnológica que nos hace avanzar, aunque no se sepa muy bien hacia donde se va. Los microorganismos descomponedores se han convertido en forzados emigrantes en un vuelo aéreo que no saben donde les llevará. Las raíces del aligustre no entienden por qué las desnudan en época de heladas. Ambos son seres poco evolucionados que no alcanzan a comprender la Planificación y el Control del Area Medioambiental de la Autoridad Municipal. El irreverente verdecillo protesta continuadamente contra la idolatría al dios Tecnos, y aunque se le suman sus compañeros de bandada, los jilgueros, las lavanderas, los gorriones y hasta los aterrorizados mirlos; su grito queda ahogado por el estruendo maquinal, en esta mañana de limpieza invernal. Cualquier día los encierran, por lo de la gripe aviar, diran.

martes 16 de diciembre de 2008

Navidad, Navidad, dulce Navidad

Ya se siente la corriente de la navideña festividad. Un deseo de trascender nuestra biológica existencia nos impulsa a celebrar la fraternidad entre todos los seres humanos.
Nos deseamos lo mejor en estos días en que celebramos el nacimiento de un pobre que se rebeló contra el sistema establecido y que terminó torturado hasta la muerte por defender sus ideales de igualdad, justicia y amor al prójimo.
Veinte siglos después Palestina no está ocupada por el imperio romano, existe la Declaración Universal de los Derechos Humanos y una organización mundial que vela por su cumplimiento en todos los rincones del planeta, los países más ricos son solidarios con los más pobres, la avaricia y la codicia han dejado sitio a la cooperación y la solidaridad, el hombre busca la felicidad en la armonía con la Naturaleza respetando todas las formas de vida más allá de la artificial acumulación de cosas innecesarias, el homo sapiens utiliza su inmensa inteligencia en la construcción razonable de una sociedad libre, sin guerras y equilibradamente sostenible pensando en las futuras generaciones.
La humanidad se esfuerza por lograr la justicia y el amor entre todos los hombres tal y como predicaron, con pequeñas diferencias en lo sustancial, Akhen Aton, Moisés, Confucio, Lao Tsé, Buda, Isaías, Heráclito, Sócrates, Jesús, Quetzalcóatl, Mahoma y tantos otros. Atrás quedaron los enfrentamientos sectarios impulsados por iluminados poseedores de la verdad absoluta. El ser humano, en toda la Tierra, mira con esperanza el porvenir y se siente en unidad con el Universo.
Pese a todo esto, existen raros personajes que se empeñan en criticar el justo orden socioeconómico de la sociedad contemporánea, la alegría nutricia para celebrar la efemérides, la generosa satisfacción de las modernas necesidades, … Hipócritas egoístas que aprovechan para estar con los suyos y descansar en las vacaciones de Navidad. Son pobres de espíritu incapaces de celebrar la alegría de estos días, a los que es mejor ignorar.

sábado 29 de noviembre de 2008

Colores del otoño civilizado

Me refugio en mi hogar templado mientras el aire frío del Norte arranca las penúltimas hojas otoñales de los árboles de mi Parque Lineal. Los primaverales verdores, que fueron madurando durante el verano, han ido transformándose en hermosos amarillos que poco a poco han sido vencidos por el marrón de la tierra que ha de acogerlos con natural alegría para que la vida siga abriéndose camino con otras formas. La vida y la muerte se manifiestan a mi alrededor de manera escandalosa, y trato de agarrarme al árbol de la vida cual hoja reseca que pende de la rama en el invierno que se le avecina. Doy gracias a la vida por tener abundante agua cuando mucha gente muere de sed. Doy gracias porque mis hijos tienen todo lo que necesitan en un mundo donde los niños van a la guerra, son esclavizados, prostituidos y abandonados. Doy gracias por la compañía de una compañera que calienta mi ánimo, espantando la soledad que invade las calles, los hogares y los corazones de los civilizados humanos. Doy gracias a todos mis seres queridos, pasados, presentes y futuros, que me permiten dar amor y alegran mi espíritu. Doy gracias por vivir en paz en un planeta infectado de guerras. Doy sangre y dinero para ayudar un poco, cuando puedo. Pero al ir al retrete me doy cuenta de que no acepto con naturalidad que los sabrosos y aromáticos alimentos, que tan gustosamente paladeé, se hayan convertido en pestilentes excrementos que a los demás espantan; y que las canalizadas aguas de los salvajes arroyos las convierta en civilizadas aguas fecales. Así, nuestros jóvenes cuerpos se han de convertir en abono para el polvo del Universo, al igual que todo aquello que creemos poseer. Vana ilusión, pues, agarrarse a las cosas y a lo temporal, ……. pero es tan agradable disfrutar de lo placentero, que a ello nos adherimos cual lapas a la roca en la marea alta. Es natural, creo. Y así es que, utilizando mi cuerpo, saco a pasear a ese mono inquieto que es mi mente. Me sumerjo en las arboledas multicolores con olor a musgo y setas. Aprecio intensamente el escaso calor en medio del frío. Hago consciente mi respiración y trato de digerir mis vivencias. Siento el latido de mi corazón y el cansancio de mi sobrepeso. Trato de recrearme en el aquí y ahora de este espacio/tiempo que me ha tocado vivir. Pero también me entretengo en viajar por las páginas de los libros o me aplasto frente a las “inteligentes” pantallas electrónicas. No todo es blanco en la mañana dominical. La luz y la sombra, una vez más. Doy gracias por poderme cobijar y “tener” otros parques para pasear, además del Parque Lineal.

martes 11 de noviembre de 2008

Pinreles fríos, torrao caliente.

En la cotidiana convivencia de dos mundos dispares, surgen tormentas que amenazan con inundar la barca de la común travesía. Las emociones se disparan matando a la razón y nuestro cerebro reptiliano se hace con los mandos de nuestro ser. Más que homo sapiens parecemos lagartijas luchando por el poder de nuestro ego.
Es el momento de tomarse un respiro, enfriar el recalentado disco duro y salir a pasear. Las playeras y al Parque Lineal. Nada más salir me encuentro con un grupito de mujeres ancianas que compiten por demostrar cual está más enferma, quien tiene más achaques y cual ha pasado la peor aventura hospitalaria. Mis "problemas" domésticos, pasan a ser una jilipollez en un instante. Respiro y observo la luna casi tan llena como cuando la fotografié hace cuatro semanas. Entre la bruma contaminante civilizada y el salvaje cielo, se extiende la escasa tierra arbolada.
Como una termomix, siento como se revuelven y cuecen mis problemas laborales, mis ansiedades mil veces encauzadas y mil veces desbordadas, las ausencias de los seres queridos, el futuro incierto para mis retoños, ... el ruido de mi mente dentro de mi cráneo. Sigo caminando y descubro en una rama a la viajera y mediterranea curruca cabecinegra, ajena a la crisis financiera y al psicoanálisis de los urbanitas. En busca del sustento, de la pareja, del nido, del interminable viaje. Me mira, la miro, se va, sigo.
Cuando retorno al cobijo después de la caminata, siento mi piel sudada y mi cabeza más relajada. Amainó la tormenta y ahora siento el frescor del agua canalizada, el aroma de la comida cocinada, el rumor de la familia y los amigos. Y mañana otra jornada.

miércoles 29 de octubre de 2008

Amanece, que no es poco.

Sin un objetivo concreto camino, escribo. Medito lo que veo y sigo caminando. Siento como mi ánimo otoñal pasa del veranillo de San Miguel al frío de Todos los Santos. La tierra se va cubriendo de hojas marrones que serán barridas por el viento. Me quedo ensimismado contemplando la aurora del amanecer, auténtica obra de arte de luces, sombras y colores. Respiro la energía del Universo, amenizado por el canto de verdecillos, mosquiteros y petirrojos. Se que soy un privilegiado por tener este Parque Lineal al lado de mi cobijo, y más privilegiado me siento cuando soy capaz de apreciarlo. Cuando la vieja estrella amarilla, alrededor de la cual damos vueltas, se eleva sobre el horizonte; estallan los molinillos del diente de león al contraluz anaranjado en medio de las umbrías.
Me reconforta observar que no soy el único bicho raro que madruga en día de descanso. Una pareja de ciclistas se recuestan sobre las colinas para observar el espectáculo. Un jilguero me observa desde la rama de un negundo, esperando que yo deje de molestarle con mi caza fotográfica para volver con su bandada a la búsqueda del sustento en el prado. Otros pájaros de hierro vuelan hacia el Paseo del Prado, donde les esperan los jefes de su "bandada".
Cerca de alli, los restos de un antiguo jardin real muestran todo el esplendor de los castaños de indías en el octubre madrileño y el rumor del agua de las fuentes artificiales ahogando los rumores de los civilizados motores. Por contra, en mi parque no hay recursos para tener los estanques con agua. Antes por la sequía, ahora será la crisis. Y eso que las últimas lluvías han medio llenado uno. Amanece para todos, pero para algunos más que para otros. Digo.

sábado 11 de octubre de 2008

Crisis manifiesta.

El otro día sentí que en lugar de pasear por el Parque Lineal tenía que ir a la manifestación contra la crisis provocada por los pobrecitos banqueros y otros ingeniosos financieros. "Por el empleo decente", "contra las 65 horas laborales a la semana", "Contra la pobreza en el munto", "Por la solidaridad entre los pueblos", rezaban los eslóganes.

Utilizando mis pies y el transpote público me acerqué al centro capitalino, donde los viejos edificios remozados y las calles peatonales se han convertido en lugares de atracción turística. La tarde estaba lluviosa y la concurrencia humana por la Plaza Mayor era mucho menor que un día de mercadillo navideño. Paseé entre la gente sin que viese a nadie conocido, hasta que encontré a dos compañeros del trabajo con los que alivié un poco mi soledad entre el público.

En el escenario montado actuaban, a forma de teloneros de los esperados líderes sindicales, un grupo de coloridos danzantes africanos, que trataban de comunicar la verdadera crisis que sufren en su continente a unos trabajadores que comentaban el reencuentro después de las vacaciones o a otros que gritaban sus reivindicaciones desde una esquina. Mientras una pareja de turistas japoneses, con su cámara, parecían un tanto despistados.

Por fín subieron los secretarios generales a lanzar sus discursos a las personas y medios de comunicación allí presentes. La erudición resucitó por unos segundos a Beltrol Brech, a Salvador Allende y Rafael Alberti. Dejaron bien claro quienes eran los malos y quienes éramos los buenos, mientras la lluvía hacía que los humanos se refugiasen en los soportales o bajo los paraguas. Los ánimos no se calentaban pese a la enardecida retórica.

Los escaparates mostraban los deseados manjares y souvenires para los "inmigrantes de hotel y avión". Manifestantes, empleados temporales y algún viandante curioso observaban el espectáculo, sin demasiadas expectativas. Las dotaciones policiales esperaban que llegase la hora de recogerse. En un pasadizo cubierto, un hombre desaliñado se refugiaba entre cartones contra la pared iluminada por "antiguas" farolas.

Un esperpéntico cadaver de lechón con móvil y gafas, y unos guerreros quijoteros, respaldados por un surtido de armas y muñecas folclóricas, me terminaron de convencer del absurdo sociocultural en el que vivo. Continué con mi paseo por la cava baja de vuelta a mi cómodo pisito donde reencontrar el calor de los seres queridos. Hay riquezas que no cotizan en bolsa.

domingo 5 de octubre de 2008

Fotografías en el Parque Lineal.

Cúmulos de nubes grises y blancas disimulan un horizonte industrial y urbano que ha ido borrando a los sembrados que a su vez borraron a los primitivos bosques.
Hermosos cuerpos de deportistas pasan rápidamente entre el paisaje de catalpas, cipreses, negundos, pinos, acacias, melias, prunos y sauces. Los niños juegan en la rotonda. Las madres comen pipas compulsivamente. Una niña juega a ser la protagonista televisera. Canta y baila. Otra la imita pero le cuesta más. Familias suramericanas se extienden por los prados a la espera de ocupar la cancha de baloncesto para jugar al balonvolea. Sobre las colinas se recorta la silueta de una madre con su hijo, cogido de la mano y con una pelota en la otra. Suena el rumor continuo de los motores sobre el camino oscuro. Una oscura vestimenta cubre el cuerpo de una anciana en zapatillas, que se niega a renunciar a su movilidad. Un trío con dos mujeres van parándose con frecuencia, dejando al varón descolgado. Un coche de policia municipal patrulla intentando evitar la inevitable ira que rompe árboles, bancos, farolas, toboganes, .. Unos jóvenes africanos juegan con los blancos niños al balón. Unos mozos rumanos les devuelven la pelota. Una joven pareja nueva, de más de 60 años, luce sus mejores galas y sonrisas. Tres señoras corren sin dejar de hablar, embutidas en sus prendas deportivas. Un joven veloz las adelanta. Unos señores en pantalón corto hacen estiramientos en un banco. Grafitis con cierto arte son tapados por garabatos ilegibles. Junto al carril bici camina una viejita con andador y acompañante. Niños y jóvenes atrevidos tratan de hacer piruetas con patines y tablas sobre grandes chapas arqueadas. Como una drusa caliza, sobresale el naranja del atardecer en medio de una nube nacarada. Media docena de machos jóvenes se sientan sobre dos bancos arrancados para contar sus bravuconadas. Sopla el viento que mueve las hojas. Se siente el final del verano tardío. Una joven parejita conjuntada pasean a su bonito perro. Me siento, respiro, observo, escribo. Me meo, me aguanto. Pasa otra patrulla, ahora es la policia nacional. Una quincena de chicos entrenan corriendo e invaden el carril bici. Dos mujeres sentadas escuchan los gritos de una tercera que alardea de hablar claro, mientras un hombre da vueltas alrededor de ellas con un perrito. Dos jovencitas se frotan cariñosamente tendidas sobre la hierba. Se encienden las farolas del Parque Lineal de Palomeras. El atardecer coje una luz especial, gris anaranjado sobre las tintineantes bombillas de la ciudad. En la parte más ancha y aislada, la que yo llamo valle, se escuchan los grillos y se ven los quiebros aéreos de los murciélagos. Los últimos paseantes con sus perros y los tardíos corredores, van dejando paso a las furtivas parejitas. Retorno a mi casa con la sensación de haber quemado unas cuantas calorías, variando el rutinario paisaje de las cuatro paredes en el que , a veces, me siento encerrado por mí mismo. Mi mente se ha ventilado con el aire fresco. Mi cuerpo cansado busca el descanso. Así sea.