domingo, 25 de septiembre de 2016

Camino de una utopía cortita




Desde el pasado invierno no me asomaba por esta ventana del ciberespacio. El más pequeño de la familia de electrodomésticos con la que convivimos acapara la mayor parte de mi atención. Ese ordenador chiquitín que se ha convertido en inseparable compañero de nuestras soledades compartidas no cesa  de hacerme cucamonas digitales para recibir mimos y cuidados, que generosamente le termino dando. Siento como si ahora que estoy con su hermano mayor (el pc portátil), le estuviese desatendiendo, ahí, abandonado sobre la mesa: el móvil, inmóvil.

Mucho llovió en la primavera y las efímeras flores poblaron el paisaje, hasta que la sequía veraniega lo resecó todo, incluidas muchas ilusiones que dibujaban un horizonte de esperanza. Parece que las utopías personales, como los tomates plastificados, son productos que la industria nos facilita para que no tengamos que hacer esfuerzos. Qué maravilla esta de tener los frutos sin tener que cultivarlos.

Venciendo la ley de la comodidad, levanto mi culo y salgo a pasear, para arar mi mente en barbecho con los surcos de la respiración consciente y el silencio del paseo ermitaño entre el cielo y la tierra, por el Parque Lineal de Palomeras. Entre los rumores de los motores con sus malos humos, escucho el canto de los papamoscas en sus territorios de caza, cebándose de insectos alados. Esos mismos que hace un momento me rodeaban en modo de enjambre danzante mientras trataba de escribir a la sombra de los negundos, sentado sobre un banco de tablones de pino. Una especie de hormiga de ala se aposenta sobre mi camisa como buscando su reino, hasta que mi dedo la golpea al vacio.

Un señor mayor habla sobre la añorada jubilación de un amigo, unos jóvenes comentan la inseguridad laboral en su empresa, una niña-madre pasea con un cochecito a su hijo, al perro y al smarphone. El pito real vuela y se esconde tras los troncos de los pinos, las urracas, las torcaces, los gorriones y las lavanderas exploran la pradera regada. Más allá de las colinas, el ensanche de la ciudad ha vuelto a tener grúas en movimiento, y en el interior de los cobijos urbanos las televisiones nos inundan con entretenimientos, terribles noticias y falsas promesas que nos queremos creer.
 
Y yo sigo hipotecándome en comprar a plazos las cortas utopías del  llamado del estado del bienestar. Vacaciones, ilusiones, fiestas y posesiones, desplazan las tranquilas meditaciones, las fraternales relaciones o la observación de nuestras circunstancias vitales. Lo que decía, una utopía muy cortita.

2 comentarios:

  1. Hola Alcaudoncillo, la utopía es una posibilidad ubicada en un remoto futuro. Este tiempo en que vivimos, nos exige proyectos para realizar ahora... aunque esos proyectos puedan parecernos imposibles. Bonitas fotografías

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Evidentemente la utopía es un horizonte hacia el que caminar, pero el camino se hace paso a paso, aquí y ahora.

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